agosto 31, 2014

Para que dijeras todas esas cosas que tenía que escuchar,
 tenía que empezar aceptando el final.
Desdén de mi parte a tu realidad
la mía siempre fue distinta
en la mía nadie moría quedándose en vida
Y en el filo de tu voz me encontré inmersa en la utopía
porque la realidad era irreal
Me da igual
la mentira no me duele hasta que no sea verdad

agosto 28, 2014

Las cosas eran de una sola manera
Mama lloraba
Papa gritaba
Y yo en el medio, en el duro cierre de la etapa de las muñecas rubias, pasaba otro mismo dia
     Y ese otro mismo dia no me venia a molestar ni me tiraba papelitos hasta que las muñecas eran reales y las veia en las revistas matando sin sentido mi autoestima. Esa etapa de los dos números, ese fin de la     pregunta "por qué", donde la risa de las noches me despedia yendose a hacer feliz a otra nena que todavia tuviera nueve, y despacio frotándose las manos con malicia la que reia (entiendase de mi) era el desvelo, que noches largas me dio cuando no habia nada mejor que dormir pegada al agregado a la pregunta por qué la palabra "mí".
Despues mama salia afuera (valga la redundancia)donde sabia solo yo la iria a buscar (y me hubiera gustado que tuviera la esperanza que papa abriria la puerta sin golpe, siendo amigo de la manija y agarrandola con suavidad. Entonces la veria como nadie la noto jamas, y la besaria como se aman a esas mujeres lindas no de cuerpo si no de alma. Pero eso solo era chiste mal contado que no acompaña al mate). 
Mama se peinaba al revés, pero con las manos, y a pesar de hacerlo suave (aunque sin ese amor con el que ella se peinaba cada dia de primavera) nos enredamos en el juego de contar cada pelo que sus dedos inquietos encontraban por ahi en una cabeza perdida que no se como sostenia la mia tambien
Papa se iba, no se por donde ni a dobde.
No escribia ni nos llamaria, papa se iria para siempre, eso yo lo sabia. Mama dormia acompañada de un cuerpo sin alma, un pedazo de basura, un rejunte de defectos (si, papa era eso. Era los errores que otros habian dejado y nunca habian ido a buscar. Y papa nunca los devolvio a la casa de los abuelos, dejo que fueran suyos), pero igual estaba sola y fria. 
Mama era blanca. y violeta.    
Y yo lloraba.           
Papa se iba
Papa no vendria
Mama era blanca. Y sana.
Después cumpli cinco años y nunca habia sido mas feliz.
Estaba ahí
Por favor que esté el amor
Por favor besense
Papa maneja hasta casa y agarrale la mano a mama, quiero por primera vez ver sólo que se tocan, sin gritar ni llorar, ni correr ni matar.
No ganen ni empaten, pierdanse. Vayanse de mi cumpleaños, está bien que se queden en la torta, pero con una buena excusa los voy a perdonar.

Lo que no les voy a perdonar jamas es haberme matado dejándome con vida.

agosto 04, 2014

Y al final, nada nos va a quedar.

Ahora sé que crecí para pensar las cosas que te cambiaría, con las que mejorarías, y con las que me conformaría.
Que sea al revés, y que entonces tu risa salga para bien, que su inocencia llegue a mi mirar, así me pueda reír sin parar y acompañe a tu bondad y tu entusiasmada sinceridad.
Que aprendas dónde es el lugar, y tus gritos canten conmigo una canción, mirando el televisor un buen partido de lo que tengamos para chusmear, y que tu voz esté acorde a esa situación.
Entonces tus pies van a saber descansar, y conmigo te vas a quedar, aunque la tarde sea la peor y no tengamos nada de lo que hablar, pero sé que atención me vas a prestar.
Y cuando con la familia en una reunión, te diga lo que quiero estudiar, vos me vayas a apoyar, y nadie deje de creer que vos no dejaste pasar la oportunidad de conocerme un poco más.
Voy a tener muchas amigas, y te vas a comportar, y no vas a criticar, entonces te van a mirar bien porque yo ya les conté, mi papá es lo más, no se lo van a imaginar. 
La cerveza la vas a dejar, y tu voz nunca se va a disparar, tus brazos quietos se van a quedar, y tus piernas tiesas no van a necesitar correr, ya no más, porque ahora tenés que cambiar, no te queda tiempo para gritar, ni a mí para llorar.
Vamos a escuchar la misma canción y nos vamos a tocar el corazón, y en su interior está esa conexión, que sólo dos personas pueden encontrar con un rol que los va a identificar, y por esta vez el padre te ganaste ser. Estamos solos esta vez, pensá lo que se te ocurra, porque ya nada que tengas en la cabeza me va a poder ofender, cambiaste tus palabras por silencios y ya no abriste más agujeros.
A la tarde recién te vas a levantar, y para desayunar las ganas no nos van a faltar, y te vas a acordar que el café con leche odio tomar y que con leche sola me voy a conformar.
En alguna Navidad vas a estar, y te vas a disfrazar de aquel personaje que ya no odias más, y me vas a ver feliz de hacerme imaginar un mundo en el que alguien cabe por una chimenea que en casa no existe, pero que igual llega y deja los regalos que se suponía que merecía. Tanto nos vamos a reír cuando ya estemos grande para imaginar, para dejar de pensar en algo irreal, y ese día ya no voy a escribir cartas ni a dejarlas en la punta del árbol, porque vos ya sabés lo que quiero ver llegar en Navidad. A las doce vas a sorprender, y cuando salgamos a caminar los fuegos vas a señalar y una historia vas a contar. Por fin tarde te vas a acostar.
Qué cosas voy a contar, solo el orgullo va a resurgir, y no va hacer falta que sonría al recordarlo, porque todos van a saber lo mucho que me haces bien.
Ya nadie va a pisar nuestro barco, porque no me voy a tener que presentar más. Una sola necesitas amar, y la pudiste encontrar sin engañar, ni rebalsar su personalidad hasta que sólo sea tuya y estés casado con lo mismo de lo que estás echo, y no van a ser dos voces la que me griten otra vez.
A mis hermanos los voy a ver juntando ropa para quedarnos días innumerables, una película vamos a ver sin que te revuelques por el precio, y los pochoclos no los vas a odiar, y todos cómodos vamos a estar.
Entonces voy a ser feliz, y la vergüenza la voy a sentir por quien no vea lo que podés ser, el dolor si pienso en que podrías cambiar, y jamás voy a llorar. Y Aquiles no se va a callar, Mateo no se va a decepcionar, Amparo no va a faltar, Juan va a crecer bien, y yo no voy a necesitar redactar.
Pero al final también crecí para entender que para cambiarte tanto el alma, necesitaba la fuerza para aceptarte primero. Y cuando mi cara asfixié hasta el llanto, y mis ojos los tapé demasiado, no me queda decepción suficiente para describir con palabras. Y no me vas a ver volver, y no voy a creer que todo está bien, ya no voy a jugar pensando sólo en que el día no podría estar vestido mejor. Las cosas ya las vi, y ya no queda nada que escuchar, dejaste todo en un pedazo de vida, y no queda espacio para las dudas, por eso hoy hay dos señales, y ambas me llevan a lugares que ya conozco y me marean. Porque uno es el que sos, y el otro es el que me inventé desde el día que me empezaste a arruinar la vida.

junio 19, 2014

Esperar no esperar más

(Casi la primer clase de Taller de Literatura que puedo escribir con tanta gente al lado. Era fácil, el profesor nos tiraba una frase y nos daba cinco minutos para idear algo, volvía a tirar una frase y sucesivamente. Algo quedó.)

Cuando abrió los ojos no vio nada más que la cegante luz del televisor que, en blanco y negro por ser tan viejo, mostraba la figura de un actualmente retirado actor que estaba contando una de sus aventuras y fue cuando le escuchó decir "no había logrado domar a la bestia para ese entonces" y antes de que siguiera viendo ridiculeces, apagó el televisor y se quedó sólo con lo profundo y más oscuro de la noche y le asustó que llegara el momento en el que debería ponerse a pensar, por lo que volvió a prender el televisor y esta vez veía al mismo actor ahora parado al lado de un guanaco, y quiso creer que esa no era la bestia de la que había hablado en su anécdota. Se quiso levantar y espiar por la ventana a todas las almas que tenían vida un sábado a la noche. Vio parejas a las que se les podía sentir su fecha de vencimiento, adolescentes que corrían con un vaso de alcohol en la mano y sentía pena por ellos. También a Elsa, su más insoportable vecina quien se encontraba en la entrada de su casa con su detestable y caprichoso perro caniche. "¿Ha visto, Ñoqui? Regué la tierra e inmediatamente creció la planta" la escuchó decirle al perro o hablando sola, porque en igual caso el perro ponía más atención a los autos que pasaban con la música aturdiendo que a las alucinaciones de la vieja. Tocaron el timbre cuando hubiera querido volver a sentarse en el sillón y ver esa tan horrible película que estaban pasando pero que no quería cambiar. Se quejó en un suspiro y fue hasta la puerta pero no la abrió, prefirió espiar por la mirilla y se le dilataron las pupilas.
En la puerta no había nadie, y entendió que ese era el momento de pensar. Estaba solo, eso era lo que venía a visitarlo, la realidad, y aunque no se podía ver ni la podía tocar la sentía cada vez más cerca. Abrió la puerta y volvió a buscar a las mismas almas que había espiado hacía un rato, pero no encontró nada. Incluso le hubiera gustado que el timbre lo hubiera tocado Elsa y le pidiera que cuidara su rata mal formada. Pero la calle estaba negra, las casas estaban apagadas y no había gritos. No, no quería, y se arrepentía de todo. Cerró los ojos muy fuerte y deseó escuchar alguna risa borracha de algún adolescente, y cuando una brisa fuerte lo empujó hacia atrás y cerró la puerta de un golpe aceptó aquella visita.
El televisor se encontraba apagado (quizás también le había llegado su realidad), y corrió al escritorio más cercando esquivando la oscuridad. Pudo encontrar la hoja y la lapicera que estaba buscando, entonces lloró. Lloró pensando que nadie leería lo que él tenía para decir. La puerta volvió a abrirse de un golpe y sintió miedo por primera vez. Apretó fuerte sus dedos contra la lapicera y ahogó un grito. Estaban frías, estaban blancas, estaban duras. Estaban.
Las luces rojas y azules llenaban el vecindario de nostalgia, los vecinos como locos salían de sus casas. La puerta estaba abierta y todos se sentían capaces de irrumpir en la casa.
Salió corriendo un policía cuando la ambulancia acababa de llegar.
-¡Comisario! -gritó y este se acercó agarrando el papel que el joven hombre le entregaba.
"Fue la soledad, fue la realidad, fui yo".
-¿Hora del suicidio?
-Dos y veinte de hace dos meses.

mayo 06, 2014

Este me gustó un poco más.

—Te quiero hacer una pregunta.
—Está bien.
—Pero te quiero explicar por qué.

Estaba a punto de responderte cuando seguiste hablando, muy rápido.
—La otra vez estaba viendo la película "Cuando Harry encontró a Sally", y sentí esa pelotuda sensación que yo nunca siento, que por lo general sienten las minas que tienen amores platónicos como los tarados que ni saben actuar de las novelas, pero la verdad no importa eso. Es que cuando terminó sentí felicidad.
—Pero seguro es porque te gustó la película o porque terminó bien.
—No. Es una felicidad distinta, muy distinta. No era como si me hubiera puesto feliz porque el protagonista fue internado porque tenía una enfermedad terminal que obviamente en la vida real te morís pero justo en la película ocurre un milagro y se salva, no, era completamente diferente. Sentía como si quisiera ver millones de películas, de esas que mi mamá se vio millones de veces: "El diario de Bridget Jones"; "Notting Hill"; "El amor es lo que tiene"; "Realmente amor"; "Definitivamente, quizás". Me ponía bien que terminaran juntos, y ni siquiera se sabe si terminan juntos. A los personajes les quedan años de vida, por ahí tienen un hijo y se divorcian, ese chico pasa la semana con la mamá y el fin de semana con el papá. A lo mejor tuvieron 3 pero no se separaron, se engañan, ¿y por qué queremos que a pesar de todo, ellos dos terminen juntos? Seguramente haya muchísimos hombres más que sean perfectos para ella, a lo mejor él tenga que ser gay, o no, o también haya otra mujer que sea mejor que con la que queremos que termine. Por ahí están perfectos juntos porque es la emoción del momento, por ahí se mudan juntos y él se da cuenta que no soporta las manías de ella como que tiene que comer en la punta de la mesa, o que necesita usar el mismo vaso todos los días. Incluso a ella le puede molestar muchísimo que él la pateé cuando duermen, y hasta no tolera que él nunca quiera ver una película después de cenar, que se vaya a dormir tan rápido, como si fuera ilegal disfrutar de una compañía en la cama para irse a dormir contento.
—Pero a nadie le importa lo que les pase después que termine la película, sólo importa es hora y media, a veces dos, en que estás sentado viendo la película.
—Ese es el tema. Yo me di cuenta que me importa lo que pasa después de que nosotros dejamos de ver. Para mí todos los finales están mal, porque nada tiene un final, excepto la muerte. 
—¿Querés una película que dure para siempre?
—Pensé en eso, y ahí me di cuenta que no la quiero, que ya la tengo, mi vida.
—No mires más películas si te vas a estupidizar poéticamente.
—Ese término no existe. 
—¿A qué querés llegar con esto?
—Me enamoré y no sé por qué, de quién, y no sé por qué no quiero saber nada de eso. No quiero tener ese final que todos ignoramos, que puede pasar y que creemos que no está ni como posibilidad. 
—No pienses más.
—Pero voy a seguir sintiendo.
—Podés ignorar.
—Igual me voy a dar cuenta de todo.
—Enamorate.
—No quiero.

La pregunta me la mandaste por un mensaje después de que cortáramos. 
"¿Por qué somos amigos?"

No respondí.

Diálogos de una historia inconclusa.

-Perdón, te estoy analizando en mi cabeza.
-¿Debería molestarme?
-No, te estoy haciendo quedar bien.

-¿Vos pensás que todo va a estar peor cuando tengamos... No sé, treinta años? 
-Capaz estamos todos muertos.


-Y no sé, bah, nunca supe cómo quererte. En algún punto siempre me hacía mal, o te pasaba algo a vos, y siempre me enojaba, y te culpaba. Estaba cansado, me tenías cansado, pero eras mi mejor descanso.

-¿Y en una escala del uno al diez?
-Las escalas no tienen límites, son infinitas.
-¿Y del uno al infinito a mí cuánto me querés?
-Me quiero lo suficiente a mí mismo para no responderte esa pregunta.

—¡No lo digas! 
—¿Que diga qué?
—Que somos amigos, no lo digas, ya sé eso, no me interesa que vos lo repitas además de mi cabeza las 24 horas del día.

—No quiero escucharlo.
—Pero yo necesito decírtelo.
—Ya sé que sólo tenés cabeza para ella y que te cerrás del mundo por ella. No te quiero juzgar, quiero que antes de que hables conmigo hables con vos mismo. Que pienses lo que estás haciendo, porque hoy me descartás a mí, pero mañana pueden ser muchas cosas. El coma que tiene te va a dejar solo, y yo entiendo que la quieras y la extrañes, pero querete un poco vos y extrañá lo que eras antes de que todo pasara.




Palabras que conformarían.

"Sólo puedo entender el hecho de que no te puedo comprender en lo absoluto, pero que lo digas está bien porque es lo que vos crees, y es tu vida, y yo tengo otra, y sé que te importa, pero puedo ver que estás atrapada en algo que no te deja expresar lo que sentís, mejor dicho, lo que los demás quieren que sientas. No te juzgo más, hacé tu vida, eso está re bien, la mía nunca me la juzgaste y siempre te callaste. Ahora me acordé de un día que te hice mierda (no importan los detalles, sé que lo hice), y no dijiste nada. Ya es tarde para pedir perdón, y veo que ya no te interesa que lo haga, aunque no lo entiende, está bien Clari, está bien".